El pasado sábado, en el Hospital Miguel Mihura de Madrid, una mujer de treinta y nueve años dio a luz a un señor maduro. Ni el padre ni el equipo médico que la atendió en el parto daban crédito, ya que las ecografías en ningún momento habían reflejado nada anormal. “Sinceramente, esperábamos un bebé pequeño, de no más de tres kilos y medio”, reconoce el doctor Parreño. La madre, Conchita Moya, tampoco había notado nada especial durante los meses de gestación. Por todo ello el parto se preparó siguiendo la rutina habitual para acoger y lavar al pequeño. Sin embargo, la sorpresa fue mayúscula cuando vieron salir a un hombre con bigote vestido con un traje azul marino. El equipo del Dr. Parreño no supo cómo reaccionar, hasta que el recién nacido dijo “buenas”.

Ni siquiera el personal más antiguo del centro había tenido una experiencia similar. Nadie sabía qué hacer, hasta que a una de las enfermeras más veteranas se le ocurrió servirle un cubalibre. Vicente, que es como se llama el recién nacido, pidió un cigarrillo y el periódico del día “para ver cómo va el Madrid”. El padre tuvo que ser atendido de una crisis de ansiedad, ya que al parecer es del Atleti.

Cuando Conchita despertó y pidió ver al bebé, un señor con traje se le acercó y le dijo “Hola, mamá”, y le dio un beso. Ella, emocionada, sólo acertó a decir: “Hueles a alcohol”.

Vicente pesó al nacer ochenta y tres kilos y calza un cuarenta y dos. Tanto el neonato como su madre se encuentran bien de salud y serán dados de alta en breve, según fuentes del hospital. El padre, sin embargo, seguirá en observación tras complicársele el cuadro con arritmias y un amago de angina de pecho.