* M.ª del Carmen y Cristóbal representan al nuevo pobre.
* Duermen en la calle, junto al Teatro Real de Madrid.
* "A esto no te acostumbras ni te resignas ni te inmunizas".
* El drama de los nuevos pobres madrileños.

S. GOZALO. 09.02.2010 - 07.54 h

M.ª Carmen, cocinera de profesión en Alcorcón (Madrid), jamás pensó que los soportales del Teatro Real de Madrid, en la plaza de Ópera, serían lo último que vería cada noche antes de cerrar los ojos. Nada en su condición de hija única de una familia de clase media hacía presagiar que acabaría durmiendo en la calle, pero así es desde hace año y medio (justo en plena crisis).

No han flirteado jamás con la marginación ni son de familia desestructurada Acostumbrada «a la protección» de un hogar estable, esta mujer de 47 años vio desmoronarse su mundo a raíz de la muerte de su padre. Huérfana de madre desde la adolescencia, en 2008 no pudo hacer frente a un crédito de 7.000 1 que había pedido su progenitor y tuvo que alquilar «a un conocido» el piso heredado. El "conocido no respetó el contrato y terminó cambiando la cerradura", dijo a 20 minutos. Después, un juez dictaminó que el contrato (en el que ella se reservaba el uso de una habitación) no era correcto y sentenció que se respetaran los cinco años de vencimiento del mismo.

Desde entonces, M.ª Carmen deambula sin rumbo fijo por la ciudad ya que «al ser propietaria no tengo derecho a ir a un albergue», dice casi llorando. Una casera sin casa que no podrá disponer de su vivienda hasta 2013. En su amargura cuenta el apoyo de Cristóbal (su compañero conocido a pie de acera). "A esto no te acostumbras ni te resignas ni te inmunizas", resume Cristóbal tras tres años durmiendo a la intemperie.

Trabajo y familia estable

Cristóbal y M.ª Carmen no han flirteado jamás con la marginación ni las suyas son familias desestructuradas. Ella arrastra tan sólo un ex marido "que mira para otro lado", y él tres hijas con las que no tiene ningún contacto. Trabajadores como el que más, ella gastó sus días entre fogones antes de pactar con la mala suerte y él ha coordinado los más granados espectáculos de un hotel de lujo donde trabajaba como técnico de sonido. Ahora sólo esperan saldar la deuda e invertir el alquiler que cobran en una modesta pensión para ambos.