bilbao. El ex asesor del Gobierno Italiano en materia de drogodependencia incide en la necesidad de aumentar el gasto destinado a la prevención como fórmula para controlar el consumo de drogas. "No se pueden incrementar los medios para controlar el consumo de drogas al mismo tiempo que se recorta el gasto en su tratamiento", advierte.

¿Qué abarca exactamente el término drogadicción?

El término drogadicción es un concepto que se ha ampliado enormemente en los últimos años. Por un lado, tenemos las antiguas y más conocidas drogas de consumo, sobre todo, opiáceos y cannabis. Por otro, nos encontramos con sustancias como la cocaína, estimulantes, drogas de diseño y alucinógenos. También es importante no olvidarse del tabaco y del alcohol, que es una de las drogas más poderosas que se conocen.

A menudo se relaciona el consumo de drogas con los jóvenes, ¿es correcto ese binomio?

En parte es correcto. En cualquier caso, no hay que olvidar que existen tres tipo de drogas, como son el alcohol, el tabaco y la cocaína, que no sólo están extendidos entre los jóvenes, sino que abarcan a una población de edad más extensa. En ese sentido, creo que deberíamos replantearnos ese binomio entre jóvenes y drogas.

Su ponencia trata sobre lo que hemos aprendido de los tratamientos contra la drogadicción, ¿qué es?

Lo primero que hemos aprendido es que los tratamientos funcionan porque producen efectos. En segundo lugar creo que habría que diferenciar los diferentes tratamientos dependiendo de la situación del sujeto. Por último, tenemos que ser conscientes de que los tratamientos tienen que ser de larga duración. La gente debe tener presente que no existe ningún tratamiento mágico que vaya a borrar el problema que pueda existir con las drogas.

¿No teme que parte del dinero del narcotráfico vaya destinado a penetrar en las estructuras democráticas?

Esta situación ya existe. Todo el dinero que mueve la droga no puede existir sin un diseño político. Estamos hablando de cantidades gigantescas que necesitan obligatoriamente ir acompañadas de un proyecto político, amistades y corrupción. Actualmente, existe un negocio de transporte y de comercio que claramente tiene que ver con la capacidad de penetración de las entidades mafiosas en los territorios.

¿Es partidario de legalizar las drogas como medida preventiva para acabar con estas situaciones?

No creo que la legalización sea una medida acertada para acabar con el problema. Los consumos siempre van a existir, lo que hay que evitar es que se conviertan en consumos problemáticos. Hay que aumentar al máximo la cooperación entre países. Hay que suavizar y organizar una respuesta de legislación que sea más homogénea de lo que es ahora. El problema radica en que se emplea mucho dinero para controlar el consumo de drogas, al mismo tiempo que se recorta el gasto destinado a la cura, tratamiento y prevención del mismo.

Se dice que lo importante no es llegar a Itaca, sino el viaje que hay que realizar para llegar. ¿Cuál es su Itaca?

Ahora mismo mi Itaca sería adentrarme en el consumo de drogas que existe en las prisiones. Es una cuestión muy seria e importante. Me encantaría conocer lo que se puede hacer y lo que no en un lugar cerrado con gente que tiene problemas de drogadicción. La segunda parte de mi recorrido hacia Itaca sería evaluar mi viaje actual y conocer en qué medida puedo mejorar la intervención.

¿Qué relación mantiene la fundación que preside con Euskadi?

Existe una relación muy estrecha. Un grupo de compañeros de Euskadi fue el alma fundadora de Itaca. De hecho, Itaca tiene a Euskadi como punto de referencia. Personalmente, tengo el orgullo de poder decir que vengo aquí a dar cursos desde 1983. A raíz de eso, los compañeros me pusieron cariñosamente el apellido de Koletigoitia. Siempre me dicen que tengo cara de euskaldun. Lo único que lo siento es por el euskera, pero eso es más complicado.