El gran día de Xavi acabó siendo el día, otro más, de Pedro, un cazador que vive del engaño: parece un jugador de perfil bajo, un tipo sencillo entre una pléyade de estrellas colosales. Luego el juego revela la realidad: Pedro es una estrella más, un inquilino del orfeón azulgrana con todos los galones. Y ahí el rival está muerto. Después de ser campeón del mundo comenzó la temporada a pie cambiado, con el motor en el taller y la puntería de vacaciones. Pero el avance de la competición ha demostrado que Pedro no era flor de un día ni jugador de una temporada. Integrante inamovible del once tipo de Guardiola, sus últimos dos meses de fútbol han sido una orgía: siete goles en los últimos seis partidos. Y si su olfato para definir le encumbra, lo que le define son otros muchos valores: sacrificio, química, energía, alegría, entrega, inteligencia, actividad, solidaridad... fútbol. Pedro y sus dos goles solventaron una tarde que se estaba llenando de nubarrones en el Camp Nou. Se cargó la 'messidependencia', aseguró tres puntos innegociables y sacó brillo al día de Xavi, que igualó (549) a Migueli como jugador con más partidos oficiales con la camiseta del Barcelona.

El día de Xavi no fue el partido de Xavi. Tampoco el de Villa ni mucho menos el de Bojan, intrascendente y divorciado de las musas. No fue en general el partido del Barcelona, en versión espesa. Sin blindaje atrás por las bajas de Piqué y Puyol y sin Messi, con todo lo que eso implica, de centro del campo en adelante. Apenas fue el día de Pedro y Alves, que ganaron el partido en el primer cuarto de hora del segundo acto con dos goles de espíritu gemelo, nacidos de la navaja hiperactiva del brasileño en la derecha y definidos por los remates de Pedro, el primero entre una nube de rivales, el segundo limpio e inapelable. Después el Barcelona pudo abrir brecha en un potable segundo tiempo y finalmente apuró el partido con la apretura que supuso el sorprendente golazo de volea de Stuani.

El Barcelona no fue nunca el equipo soberbio de las últimas semanas. Se pareció peligrosamente al que titubeó en el arranque del campeonato como local. Al que perdió ante el Hércules, empató ante el Mallorca y pasó las de Caín ante el Sporting. Lo más bonito fue el homenaje a Migueli, después el Barça del primer tiempo fue plano, horizontal, rumiante. Sometió al Levante desde el inicio pero no encontró más forma de crear peligro que las apariciones de Iniesta, el mejor durante muchos minutos, por la banda izquierda. Sin desequilibrio ni profundidad, el Barcelona zozobraba atrás con la improvisada pareja Abidal - Busquets en el centro de la defensa. Valdés casi crea un drama en un mal juego de pie y Pérez Lasa se saltó un penalti de Abidal a Juanlu . Eran los minutos de los nervios, la ansiedad y los amagos de duda. Los minutos de la 'messidependencia'. Ayudó el Levante con un muro defensivo basculante y esforzado, un Reina en estado de gracia bajo palos y un trabajo coherente y sereno, la antítesis de su paso por el Bernabéu en Copa del Rey.

Tras el descanso cambió el partido porque cambió el Barcelona con más actitud, profundidad y empuje, Pedro marcó rápido y remachó poco después. Entraron Milito, Keita y un Thiago que dejó destellos deliciosos. Pudieron llegar más goles en la portería de Reina pero llegó, para sorpresa hasta del propio Levante, el de Stuani y un nervioso desenlance de partido en el que el Barcelona buscó el pitido final. El Levante lavó su imagen tras el 8-0 de Madrid y el Barcelona salvó los muebles en un partido de esos que nadie recordará pero que suceden a lo largo de los campeonatos. De esos en los que cuentan, nada más, los tres puntos. Y el Barcelona, no sin sustos, los amarró.