Un gol de Marcelo, el mejor jugador del partido, permite al Real Madrid situarse a cinco puntos del Barcelona. Javi Márquez brilló en el Espanyol. Casillas, expulsado a los dos minutos.

El Real Madrid vive instalado en un tobogán de ilusiones que le está llevando de la alegría a la frustración, de la esperanza a la decepción. El fútbol es un estado de ánimo y el del Madrid es tan cambiante como imprevisible. Es un conjunto casi imposible de descifrar, hasta el punto de que la expulsión de Casillas a los dos minutos pareció no afectarle y si alguna influencia tuvo fue que reactivó al equipo de Mourinho, que se hizo con una victoria que le permite mantenerse en la carrera por la Liga. A una enorme distancia todavía, pero dos puntos más cerca que una semana atrás. El gol de Marcelo le permite abandonar el pesimismo que le ha acompañado en las últimas semanas. Alimento para convertir la utopía en ilusión. Real o ficticia, pero ilusión al fin y al cabo.

El Madrid ejó la iniciativa al Espanyol, que bajo el mando del gran Javi Márquez demostró ser ese equipo irreverente, de fútbol alegre y atrevido, al que no le impone ningún rival y que no se marca límites. Las mejores combinaciones fueron de ellos, el fútbol les perteneció, pero las ocasiones se las supo fabricar mejor el Madrid. A su manera, con sus armas, pero con la inteligencia que requería la situación. El Espanyol no supo interpretar esa maniobra y cayó en la trampa con inocencia e ingenuidad.

El Madrid les entregó el balón, se replegó en su campo y convirtió el choque en una autopista de doble dirección, por la que los madridistas supieron viajar más rápido. Con metros por delante, el Madrid es un bólido que supera al rival por velocidad y potencia. Los pases de Xabi Alonso, el gran ideólogo del equipo, lanzaron a Cristiano, Adebayor y Marcelo, jugadores con alma de velocistas, que desnudaron a los defensas del Espanyol, imprecisos cuando debieron sacar el balón e despistados en las labores de vigilancia.

En un partido de ritmo tan alto volvió a verse algo desubicado a Özil, que crece en la pausa y sufre a la carrera. Los daños colaterales de la expulsión de Casillas le afectaron a él y a Di María. El argentino dejó su sitio en el campo para que ocupara la portería Adán y el alemán debió desplazarse del centro hasta la banda derecha, donde vivió la mayor parte de la noche. En esa labor de apoyo fue incansable del trabajo de Adebayor, el futbolista del equipo que presiona con más interés, intensidad e inteligencia. A ello añade unas alternativas en ataque, unas variantes ofensivas con las que no contaba hasta ahora el Madrid. Recibe el balón, lo aguanta y sabe cómo y a quién devolvérselo. Conceptos sencillos que definen a un buen jugador.

El dibujo táctico previo de Mourinho se fue a la papelera a los dos minutos, con la expulsión ya mencionada de Casillas. El rapidísimo Callejón se coló entre Arbeloa y Pepe y fue derribado por Iker antes de entrar en el área. El golpe existió y la roja fue justa. En esa acción, Callejón dejó en evidencia a Arbeloa y a Pepe, pero en el resto del choque a nadie sacó tanto los colores como a Carvalho, que durante toda la noche pareció un abuelo corriendo sin éxito detrás de su nieto por el parque.

Mientras los dos equipos se adaptaban a la nueva situación, el protagonismo del choque perteneció a Khedira, que se dejó ver con una desacostumbrada frecuencia en el área rival. Primero cabeceó fuera un córner lanzado por Özil mientras Baena le agarraba sin disimulo dentro del área y después puso a prueba con un disparo lejano los reflejos de Kameni, que despejó no sin dificultades. Pasados esos momentos de euforia, Khedira se entregó después a esa labor oscura que tanto aprecia Mourinho.

El relevo del alemán lo tomó Marcelo, que acarició el gol pasado los diez minutos y lo celebró a los 24. Un mal despeje de Amat acabó en los pies de Özil, que combinó con Cristiano y el buen pase de éste lo convirtió en gol Marcelo por el poste que defendía Kameni. Pudo hacer más el portero camerunés. Olvidó el Espanyol que una de las grandes virtudes del Madrid es explotar los errores del rival. Excelente partido de Marcelo, en ataque y en defensa, donde se le vio concentrado y apenas cometió errores.

Había reclamado poco antes el Madrid otro penalti por mano de Javi López, obviando la falta previa no pitada de Adebayor a Kameni. No tuvo buen ojo en las áreas Mateu Lahoz, al que hay que agradecer su voluntad por no cortar el juego más allá de lo necesario, aunque a veces pone tanto empeño que se olvida de que sale al campo con un silbato. Volvió a ser protagonista Adebayor antes del descanso. En un rapidísimo contragolpe perdió el equilibrio al llegar ante Kameni y envió el balón a larguero. El pase, cómo no, fue de Xabi Alonso.

En la primera parte también tuvo el Espanyol su momento protesta, cuando reclamó un penalti a Sergio García, desplazado levemente por Carvalho con un brazo. A donde no llegan los pies del portugués, siempre alcanzan sus manos.

Se olvidó de sentenciar el Madrid en la primera parte y en la segunda pasó momentos de duda y zozobra. Las culpas hay que repartirlas entre el Madrid y el Espanyol, al que le faltó instinto goleador en el área. Perdonó Callejón una clara ocasión y despejó Adán un balón bien tocado por Verdú que se colaba por la escuadra. Fueron apenas dos ocasiones, demasiado poco para tanto dominio del Espanyol.

Se le fueron agotando las ideas al Espanyol y el aire al Madrid, que pese a todo disfrutó de dos clarísimas oportunidades para sentenciar. Las dos de Adebayor y en las dos se encontró con Kameni, que evitó una derrota mayor. Buen partido el del togolés, que acabó agotado y terminó dejando el sitio a Sergio Ramos. Antes, Lass había sustituido a Özil, derrumbado físicamente.

Con esos cambios, Mourinho nos dejó esas variantes tácticas que tanto le gustan. Ramos defendió la banda derecha, por delante de Arbeloa, Lass apareció por la izquierda y Cristiano fue la única referencia en ataque. Y por detrás, sosteniéndolo todo, la pareja formada por Xabi y Khedira.


fuente:as.com