El liderazgo de Alonso fue tan sólo un espejismo
No hubo victoria. No hubo podio. No hubo sorpresa. No hubo nada que hacer. Si el sábado fue increíble que Fernando Alonso lograra el cuarto lugar en la parrilla, y si el domingo protagonizó una de las salidas más impresionantes que se recuerdan, en la carrera toda la crudeza de la realidad cayó con todo su peso. Y es que no existen lo milagros.

Aún sediento, agotado, sudoroso y derrengado, el campeón del Gran Premio de España y líder destacado del Mundial 2011, Sebastian Vettel, justo antes de subir al podio recordaba una de las maniobras que más le habían impresionado de toda la carrera: "¡Vaya arrancada de Fernando! ¿De dónde salió?", preguntó a sus rivales, Mark Webber y Lewis Hamilton. Ninguno supo qué contestar. El alemán, tras completar una impecable carrera y afianzar su camino hacia su segundo título mundial consecutivo, y después de protagonizar un intenso duelo con Lewis Hamilton hasta la línea de meta, no podía olvidar esa maravillosa maniobra del español de Ferrari, con un bólido muy inferior, pero con muchas ganas de sacar oro de donde no hay nada.

Todos lo recordarán siempre: el público, los telespectadores, los periodistas… Pero, sobre todo, los rivales, que vieron una especie de bala roja ponerse primero como un caballo desbocado. Ya en la rueda de prensa oficial tras la carrera, Vettel volvía a hacer referencia a la arrancada de Alonso: "No comprendía de dónde había salido Fernando Alonso. Salió 15 metros por detrás de mí, pero al final de la recta ya estaba a mi lado. Le cogió el interior a Mark Webber, y yo iba por el exterior, así que fue el líder en la primera vuelta. No aguantamos la distancia suficiente para activar el alerón móvil, así que no pudimos adelantarle".



NO EXISTEN LOS MILAGROS, SINO EL TRABAJO

En España, y suponemos que en la mayoría de los medios de comunicación generalistas de todo el mundo, cuando ocurre un accidente especialmente grave o espectacular en cualquier modalidad, es normal que los periodistas o redactores ocupen algunos minutos de un informativo en el que habitualmente no se cubren acontecimientos automovilísticos para mostrar esas escenas dantescas e impactantes. Morbo puro y duro. Normalmente, después de informar de que el piloto ha resultado ileso, aseguran que fue un 'auténtico milagro'. Siempre me fastidió ese comentario del periodista desinformado; no existen los milagros. Si un piloto sale ileso es gracias a miles de horas de investigación en seguridad, en dispositivos especiales y al trabajo de mucha gente. Pero no por un milagro. Porque los milagros, efectivamente, no existen.

Alonso lideró su Gran Premio durante 20 vueltas. 20 vueltas en las que el público de las gradas quizá pudo soñar con una victoria. Pero no fue un milagro. Si acaso, un espejismo. Porque en realidad en el box de Ferrari sabían que sólo era cuestión de tiempo: tarde o temprano, los coches más rápidos que acechaban por detrás se lo comerían a la mínima oportunidad. Pero Alonso lo puso todo sobre el asfalto, fabricando una salida en la que sólo un piloto como él podría haber llegado a la tercera curva con el coche entero. Efectivamente, no fue un milagro; fue Fernando Alonso, la definición más clara del esfuerzo de superación, el trabajo duro y las ganas de progresar sin complejos.



EL MILAGRO ES ALONSO

Hacía tiempo que Alonso no nos regalaba una de esas salidas típicas de Renault. Aún permanecen frescas en nuestra memoria las arrancadas imposibles que protagonizaba entonces contra McLaren y Ferrari, a mediados de la década pasada. El control de tracción (unas temporadas) y sólo sus propias manos (otras) le permitían escabullirse del pelotón y adelantar dos, tres, cuatro posiciones en unos metros. Sólo alguien con los reflejos y la habilidad del asturiano era capaz de salir de esas situaciones a esas velocidades sin tocar un solo alerón.

Fernando revela que, como venimos diciendo, su arrancada tampoco fue un milagro: "Llevábamos trabajando en esta área mucho tiempo y hemos podido ver mejoras", aseguró tras la carrera. El español se lo pasó en grande liderando la prueba en el momento más emocionante del fin de semana: la primera vuelta. El graderío estalló en aplausos y ánimos para el piloto de Ferrari: "¡Fue fantástico!", aseguró el español. Estaba claro que, tarde o temprano, el verdadero potencial de Red Bull y McLaren iba a hacerse patente. Pero quizá lo que no esperaban en Ferrari es que Alonso iba a aguantar nada más y nada menos que veinte vueltas yendo primero con un coche claramente inferior al resto: "Fue durísimo aguantar a Vettel detrás de mí tanto tiempo", reconoce el español. "Pero nos faltaba carga aerodinámica, y además tuvimos que hacer la mitad de la carrera con neumáticos duros", se lamente Fernando, que tuvo que calcar la estrategia de Red Bull para marcar al piloto alemán.



CON UÑAS Y DIENTES
Tras la primera parada, Alonso salió de nuevo primero. Ferrari estaba copiando la estrategia de Red Bull para tratar de mantenerse en cabeza (Helmut Marko dice que Ferrari escucha en secreto la radio de Red Bull Racing). Pero en la segunda parada, en la vuelta vigésima, ya no hubo nada que hacer: Vettel había ganado en la pista el tiempo suficiente para adelantar al de Ferrari en boxes. Ni el alerón móvil le permitió aL asturiano adelantar en la pista, y tuvo que recurrir a la estrategia; así de complicado es adelantar en Montmeló. A partir de ahí, la carrera de Alonso se convirtió en un infierno: incapaz de mantener el ritmo de los primeros, todos se le iban echando encima irremisiblemente: primero, Webber que, aun con un coche claramente superior, no pudo con Alonso en la pista. Al final, igual que hizo Hamilton en la vuelta vigésimo cuarta, tuvo que recurrir a los boxes. Pero ni aún así Fernando se dejó: se emparejó con el australiano y, por toda la calle de boxes, aguantó la posición al límite, para regresar a la pista por delante de él.

En la vuelta trigésimo cuarta, el Red Bull de Mark Webber se tiró por el interior de la décima curva de La Caixa. Pero en realidad fue Alonso quien, inteligente, se abrió completamente para que Mark picara el anzuelo. Y picó: Webber adelantó, pero Alonso conservó la mejor trazada en aceleración y, aprovechando la mejor tracción del 150º Italia, recuperó la posición en la zona del Estadio, para deleite del numeroso público allí concentrado. Alonso lo estaba dando todo, sacando la artillería pesada y su mejor conducción para compensar la falta de rendimiento de su bólido. El resultado fue, cuanto menos, precioso: Webber estuvo doce vueltas (desde la vigésimo tercera vuelta) tratando sin éxito de adelantar a Alonso, tanto en la pista como en boxes.



BUTTON REACCIONA

Webber, herido moralmente al ser incapaz de superar al Ferrari de ninguna manera, fue adelantado como si fuera un coche de juguete por Jenson Button, que venía como un cohete por detrás. El inglés de McLaren se recuperaba de una pésima salida en la que había caído al décimo lugar. La estrategia le permitió ir adelantando puestos. En esa misma vuelta, Alonso fue su segunda víctima. Los neumáticos duros no funcionan con Ferrari. Ambos pilotos pusieron de manifiesto su descontento con este nuevo compuesto de Pirelli, que si por ellos dependiera no volverían a ver ni en pintura. Pero frente al duro trabajo de Fernando Alonso, luchando contra viento y marea con más o menos éxito, Felipe Massa parecía, de nuevo, perdido en un mar de dudas: se dejaba adelantar fácilmente (a Vettel sólo le faltó darle el intermitente), cometió un trompo hacia la cuadragésima vuelta, marcó tiempos inferiores a Fernando y finalmente, cuando rodaba octavo, a sólo seis vueltas de la bandera de cuadros, rompió el cambio y abandonó. Un desastre.



WEBBER, INCAPAZ DE ADELANTAR

La cuarta parada de Fernando Alonso significó perder otra posición. Sólo así Mark Webber pudo adelantar al español. El australiano se está llevando mucha simpatía, apoyo y ánimos de los aficionados y periodistas, pero en realidad parece más una justificación por las ganas que hay por acabar con la supremacía de Sebastian Vettel que por un apoyo merecido por su pilotaje: su actuación en España dejó mucho que desear. Incluso él, recientemente, quitó importancia a su increíble remontada en el Gran Premio de China, asegurando que no tenía mucho mérito: "Mis rivales no tenían absolutamente nada con lo que luchar contra mí. Cuando alcanzas a pilotos como Alonso, Massa, Button o Rosberg recortando dos segundos y medio por vuelta, realmente no es gratificante. El público disfrutó más que yo, para ser honesto", reconoció el australiano, haciendo referencia a los nuevos neumáticos Pirelli y al alerón trasero móvil que, como dijimos en nuestro artículo "¿Dónde queda el piloto?" (publicado para el Gran Premio de Malasia) quitan el mérito al piloto en los adelantamientos. Esta vez, Webber no tenía ventajas, y sobrepasar le resultó imposible sobre la pista. Cosas de las carreras: en China todo el mundo aplaudió su remontada, pero en España no pudo protagonizar un solo adelantamiento en la pista.



VETTEL, EL INJUSTO MALO DE LA PELÍCULA


Con todo, la carrera llegó a su final con Sebastian Vettel primero, otra vez. Había una extraña esperanza entre los periodistas (españoles incluidos, auque parezca inédito), los pilotos y el público porque ganara alguien que no fuera Sebastian Vettel. Incluso preferían que ganara Lewis Hamilton, a quien defenestraron en el pasado. ¿Por qué? ¿Acaso Vettel no ha demostrado una superioridad aplastante? ¿Acaso no se merece ganar? Ya lo dijo Michael Schumacher allá por 1995: "Cuando no ganas, eres un chaval majo. Pero cuando te conviertes en campeón, eres el malo de la película". Es cierto que es bueno para la Fórmula 1 que haya más variedad y emoción, con otros pilotos subiendo al primer cajón del podio, pero no opinaban esto en España cuando Alonso dominaba con Renault. Entonces, y no hace tanto tiempo, los periodistas ingleses llegaron a publicar más de un artículo asegurando que la supremacía del español en Renault era dañina para este deporte. Pero en España nadie opinaba así, claro.

Hoy, Vettel y Red Bull son los malos de la película. Y eso a pesar de los anuncios de Vodafone y McLaren autoproclamándose los "benditos malvados". Nosotros creemos que Vettel es el mismo chaval que, cuando ganó en Monza bajo la lluvia con el Toro Rosso, despertó mil elogios y simpatías por todo el mundo. No deja de ser paradójico, en cualquier caso, que en una temporada en la que la FIA levantó la bandera de la competición y el espectáculo, implantando los adelantamientos con alerones móviles, neumáticos farsantes y demás artificialidades, todo en pos del espectáculo y de los cambios constantes de posición como si fuera una carrera de motos, tengamos sólo dos campeones distintos en cinco carreras disputadas. ¿Realmente funcionan las nuevas normas de la FIA? ¿Realmente hay más emoción? El año pasado, que se supone que fue una temporada 'súper aburrida de la muerte', a estas alturas teníamos cuatro campeones diferentes en cinco carreras. ¿Y acaso no fueron las temporadas de 2007 y 2008 las más reñidas de la historia? Quizá hubiera menos adelantamientos, menos paradas en boxes y menos cambios de posición, pero cada maniobra era pura y real. Veremos qué ocurre este año, y si al final paradójicamente tanta coña con los neumáticos y tanta farsa nos deparan el campeonato más estable de la historia. Sería entonces un milagro de verdad que la FIA no cambiara, por una vez, las normas para la próxima temporada.
Por Héctor Campos