El británico acusa a la FIA de permitir que el deporte pase a ser 'un juguete del régimen'
Max Mosley se ha unido a la lista de opositores a la celebración del GP de Bahréin. Presidente de la FIA durante 16 años, el británico considera que la F1 está cometiendo un error que la convertirá en un juguete más en manos de un gobierno opresor, que mostrará al mundo una imagen de sí mismo que no se ajusta a la realidad.

Error. Todas las reacciones que llegan desde las altas esferas de la categoría reina coinciden en lo mismo. Nadie entiende la reubicación de Bahréin en el calendario excepto la misma FIA, que hace dos días decidió que la carrera de Sakhir se celebrara a finales de Octubre.

Max Mosley tampoco ha querido pasar desapercibido. El británico ha mostrado su descontento al respecto a través de su columna en el Daily Telegraph, donde asegura que la disputa de Bahréin "será un error que no se olvidará y que le costará muy caro a la F1".

Mosley reconoce que es muy complicado tener la certeza que todos los países respetan los derechos humanos, pero opina que Bahréin es un caso especial. "Si pidiéramos el máximo respeto de los derechos humanos tendríamos que excluir a un gran número de países del ámbito deportivo internacional", declara el británico. "Pero si se decidiera no pedir el máximo respeto a esos derechos entraríamos en un debate interminable sobre dónde se debe marcar el límite".

Mosley opina que no es responsabilidad de la F1 "decir a los gobiernos qué es lo que pueden y no pueden hacer", aunque admite que la FIA no puede negar la realidad de Bahréin. "El límite se encuentra en el punto donde un evento deportivo es usado por un régimen opresor para justificar sus acciones. Si el deporte acepta ese papel se convertirá en un juguete en manos del gobierno".

El presidente de la FIA con el mandato más largo de la historia, honor compartido con Wilfrid Andrews, considera que si los monoplazas rugen en Bahréin el 30 de Octubre "la F1 se compartirá la culpabilidad del régimen, como si también hubiera salido a la calle a apalizar protestantes indefensos".

Max Mosley declara que la administración del país árabe quiere usar la categoría reina para manipular su imagen ante el mundo. "El gobierno quiere limpiar su imagen, es aquí dónde entra en juego el Gran Premio. Quieren hacer que se dispute la carrera para enseñarle al mundo que los problemas eran algo temporal y que todo vuelve a ser normal".

El británico, sucedido en el poder por Jean Todt en 2009, asegura que la F1 "se ha convertido en cómplice de lo que está pasando ahí". "La decisión de celebrar la carrera es un error muy caro que no se olvidará".
Por Martí Muñoz