Completó 24 vueltas al volante de un híbrido con piezas del RB5
Estamos acostumbrados a eventos promocionales y a que jóvenes promesas del deporte se suban a los monoplazas de F1 por unas horas. Sin embargo, lo que Red Bull hizo hace una semana en California no fue tan usual. Tom Cruise, productor y actor estadounidense, se puso al volante de un Red Bull híbrido para completar una sesión de pruebas de siete horas en el circuito de Willow Springs. Y no fue precisamente lento...

Conocido internacionalmente por su papel en la saga 'Misión Imposible', Tom Cruise es un gran aficionado a la competición, como ya vimos en 1990 con su película sobre la NASCAR 'Días de trueno'. El actor de Siracusa se encontraba en pleno proceso de post-producción de su última película, cuando decidió aceptar la invitación de Red Bull, que le ofreció la oportunidad de hacer unos tests en el circuito de Willow Springs, en el sur de California al volante de un Fórmula 1 híbrido con piezas del RB5. La sesión se alargó durante siete horas, a lo largo de las cuales Cruise completó 24 vueltas al circuito, de 4 km de longitud.

Pese a ser un reconocido seguidor de las carreras, Cruise todavía no había pilotado nunca un monoplaza de la categoría reina. Sin embargo, su velocidad punta fue de 291 km/h, tan sólo 6km/h más lento que la marca de Coulthard. Sus cronos fueron mejorando vuelta a vuelta y al final de la sesión el americano había conseguido rebajar sus tiempos en 11 segundos.

"Tom es un tipo genuino. Es un chico que en la vida real intenta romper con los límites. Me ha impresionado", dijo Coulthard al finalizar la sesión. "Me he quedado sorprendido de que lo haya cogido todo tan rápido, es un piloto competente. Su rendimiento ha sido increíble considerando como de complicado es conducir un coche de F1".

David Coulthard fue el instructor de Cruise, que contó con el apoyo de 12 personas del staff técnico de Red Bull Racing, desplazadas directamente desde Milton Keynes. La sesión empezó con un 'paseo' de Coulthard a Tom, con el objetivo de que se familiarizase con la trazada ideal.
Por Martí Muñoz