La fuerza de la juventud, el soplo del talento
Sólo cuatro años después de su debut, Sebastian Vettel es el bicampeón mundial más joven de la historia de la Fórmula 1. El espectacular trazado japonés de Suzuka le ha visto confirmarse como la estrella del momento. Su historia, sin duda, merece ser contada… desde el principio. No era un sueño: era un objetivo.

Cuando Sebastian Vettel vio su nombre encabezando la tabla de tiempos de los entrenamientos libres del Gran Premio de Turquía de 2006 supo que haría lo que fuera por repetir la experiencia… pero en una carrera. Su historia sólo acaba de empezar.



EL NOVIO DE LA FÓRMULA 1
Sebastian Vettel es uno de esos pilotos que aparentemente no llamaron la atención en las categorías inferiores en las que participaron. Mientras Lewis Hamilton se hinchaba a ganar y ganar carreras en la Fórmula 3 Euroseries en 2005, Sebastian Vettel no logró ninguna victoria. Pero había algo en aquél chaval con cara de niño que atraía a los verdaderos cazatalentos. Quizá por eso BMW le ofreció la primera oportunidad de pilotar un Fórmula 1; fue el 27 de septiembre de ese mismo año. El FW27 sonaba a gloria en las manos del adolescente alemán de viva mirada. Vettel tenía claro que esa sería la oficina en la que quería trabajar desde entonces. Pero aún le quedaba tiempo de aprendizaje: el subcampeonato de la Fórmula 3 Euroseries de 2006 le encaminaba ya hacia la máxima especialidad. La Fórmula 1 estaba a punto de enamorarse de su nueva estrella.

[Vettel en Jerez, 27 septiembre de 2005]



EL DEBUT CON BMW-SAUBER
Mientras Fernando Alonso luchaba por conseguir su segundo título mundial consecutivo, Sebastian Vettel iniciaba su propio mundial: la salida de Jacques Villeneuve de BMW Sauber durante el Gran Premio de Turquía de 2006 ascendió a Robert Kubica, entonces piloto de pruebas, al puesto titular. Y ahí estaba Vettel para reemplazar al polaco como tercer piloto de la escudería. Sebastian sólo se había subido antes a un Fórmula 1 el año anterior para las pruebas con BMW, y en la segunda tanda de los libres ya había marcado el mejor tiempo. El equipo no se lo podía creer; saltaban y gritaban ilusionados en el paddock. Pero nadie cayó en comunicárselo por radio a Vettel, quien tuvo que descubrir su hazaña mirando las televisiones repartidas por el circuito, donde pudo ver a sus compañeros celebrando algo que él dedujo que era su primera posición. En aquel momento, Vettel no quería lucirse, sino hacer un buen trabajo de equipo; esa era su obsesión: ayudar a su equipo. Ya tendría tiempo de hacer maravillas al volante.

Desde luego, nadie olvidará aquel viernes cuando, sobre un circuito físicamente tan exigente como Estambul, un chaval recién llegado entró dando un sonoro golpetazo sobre la mesa. Aún impresionado por las características de los bólidos de Fórmula 1, Vettel empezaba a sentirse cómodo, pese a todo: "Hasta que no te subes a uno por primera vez no te haces a la idea de cómo es el coche, por mucho que te lo hayan advertido: la velocidad, las brutales frenadas… Es más impresionante de lo que uno se puede imaginar"; estas eran algunas de sus primeras impresiones tras bajarse del bólido. Acababa de estrenar su mayoría de edad y ya sabía lo que era besar el viento a velocidad de Fórmula 1 .

[Como tercer piloto de BMW Sauber (24 agosto 2006)]



NO ES EL NUEVO SCHUMACHER: SE LLAMA VETTEL
El colega Jacobo Vega tuvo la oportunidad de entrevistar en 2006 para la revista española Grand Prix a Sebastian Vettel. El olfato de Jacobo le hacía intuir que estaba ante un futuro campeón, y no dudó incluso en plantearle al propio piloto (bastante tímido y risueño) que él sería un buen sustituto de Michael Schumacher en los corazones de los aficionados alemanes. "We’ll see", contestó entre risas nerviosas. El futuro de Vettel era completamente incierto entonces: Red Bull y BMW negociaban quién se quedaría con el 'chico maravillas'. Finalmente fue la bebida energética la que se hizo con sus servicios para 2008, aunque en 2007 se iba a producir, de la mano de BMW-Sauber, su debut en una carrera de Fórmula 1 de forma inesperada: el Gran Premio de Estados Unidos. Ser el nuevo Michael Schumacher no entraba en sus planes; ni ahora tampoco: quería dejar su propia marca, imprimir su propia personalidad, escribir su propia historia… Y lo conseguiría.



LA PRIMERA CARRERA Y EL PRIMER RÉCORD
Cuando vimos el BMW de Robert Kubica dando vueltas de tonel y estrellarse contra los muros del circuito canadiense Gilles Villeneuve, se nos encogió el alma. Cuando supimos que el polaco no tenía heridas de gravedad, nos alegramos. Pero había que buscarle un sustituto. Y el equipo no dudó en darle la oportunidad al que era el tercer piloto: Sebastian Vettel. Iba a convertirse en el más joven piloto en disputar una carrera al tomar la salida del Gran Premio de Estados Unidos de 2007, en Indianápolis. El alemán impresionó el sábado marcando el séptimo mejor tiempo en la parrilla, pero los nervios le traicionaron en la salida: se pasó de frenada y descendió al undécimo lugar: "Creo que frenar es en realidad lo más complicado en un Fórmula 1", había declarado el alemán tras probar el año anterior el FW27.

Efectivamente, un año más tarde, lo había comprobado en la práctica, y en plena carrera: "Encontrar el punto de frenada es muy difícil". Pero Vettel no desesperó y logró recuperar terreno hasta el octavo puesto final, logrando su primero punto en la Fórmula 1. Un punto que le valió ser el decimosexto (por delante de pilotos como Rubens Barrichello o Jenson Button) en el primer mundial que disputó, a pesar de no haber corrido ninguna otra carrera en todo el año. Cuando Vettel se bajó del BMW Sauber al terminar la carrera estadounidense, lo hizo para no volver a pisarlo: Robert Kubica se recuperó de sus heridas y regresó a la competición en la siguiente carrera, relegando a Sebastian de nuevo a su papel de tercer piloto. Pero Vettel había empezado su historia cambiando la de la Fórmula 1: con una sola carrera ya se había convertido en el piloto más joven en debutar puntuando (19 años y 349 días). Era sólo el primero de los muchos récords que iban a caer en su haber desde entonces.

[Vette con BMW Sauber en el GP de Estados Unidos en 2007]


SU PRIMERA VICTORIA
Curiosamente, Kubica y Vettel protagonizarían uno de los finales de carrera más increíbles que se recuerdan: el del Gran Premio de Australia de 2009, cuando ambos chocaron a tres vueltas del final. Los dos ex compañeros de equipo tuvieron más que palabras cuando Robert trató de adelantar a Vettel y este se resistió; acabaron ambos contra las protecciones. El joven Vettel se estaba curtiendo en las pistas. Era el momento de cometer errores. El año anterior, en ese mismo circuito de Albert Park, inició su primera temporada completa en Fórmula 1: la de 2008.

Sería Toro Rosso, el hermano pequeño de Red Bull Racing, quien le daría el monoplaza de 2007 para correr todo el año. Un auténtico reto: una escudería más que modesta con un coche anticuado. A penas había debutado sobre la pista australiana (con un contrato debajo del brazo de tres años con RBR) y los rumores ya le sentaban en Ferrari. Giorgio Ascanelli, director técnico de Toro Rosso, sabía que aquel muchacho tenía potencial; mucho potencial: "Es muy veloz e inteligente; está muy ilusionado y seguro que va a llegar a lo más alto de la Fórmula 1", aseguró en marzo de 2008, medio año antes de su primera victoria y dos años y medio antes de su primer mundial. Sin duda, Ascanelli sabía de lo que hablaba.

Aquella temporada, la supresión de las ayudas electrónicas daba prioridad al piloto en los resultados finales, y las manos de Sebastian podían brillar con luz propia. Finalmente, en el Gran Premio de Italia, Sebastian rubricaría su primera victoria precedida por su primera Pole. Mejoraba así, obviamente, el resultado del año anterior en Shanghái, donde logró un meritorio cuarto lugar bajo unas difíciles condiciones meteorológicas. Al chico parecía gustarle la lluvia, pues la carrera italiana de 2008 en la que se subió por primera vez al podio estuvo también pasada por agua. Ya nada podía frenar su necesidad de saciar el hambre de victorias. Y Toro Rosso se le quedaba pequeño.



ADRIAN NEWEY, UN GRAN CÓMPLICE
A pesar de muchos altibajos, Vettel logró el subcampeonato en 2009 (el más joven en lograrlo) con un monoplaza muy competitivo de una escudería que empezaba a enseñar sus garras. Con él protagonizó la primera victoria de Red Bull Racing, en el Gran Premio de China de 2009 (la tercera carrera de Vettel con RBR). Ese año fue muy revuelto, con cuatro victorias, ocho podios y las cuatro primeras Poles de su carrera con RBR, especialidad que le distinguiría como sello de la casa. Pero también tuvo cuatro abandonos (Malasia, Mónaco, Hungría y Valencia).

[Presentación del Red Bull RB5 en Jerez (2009)]

Ese año, el aplastante e inesperado dominio de los Brawn GP deshizo todos los planes. Pero al año siguiente (con Brawn GP absorbido por Mercedes), Vettel partía con una ventaja importante con nombre propio que empezó a imponer su dominio en el mundial: RB6. Y es que el diseñador de Red Bull, Adrian Newey (sin restar mérito alguno al piloto alemán), es uno de los grandes responsables de la meteórica trayectoria de Sebastian Vettel: de sus lápices han salido los diseños que han hecho posible los bólidos más competitivos de los últimos años. Ingenios aerodinámicos y efectividad sobre casi cualquier tipo de pista que han impulsado la carrera del hoy bicampeón mundial más joven de la historia.

El ingeniero aeronáutico ya había revolucionado la Fórmula 1 en los años 90 de la mano de Williams; él, junto a Patrick Head, parió las distintas versiones del FW que convirtieron en campeones mundiales a genios como Niguel Mansell, Jacques Villeneuve, Damon Hill o Alain Prost. Buenos precedentes, ¿verdad? Tras pasarse por McLaren-Mercedes y ganar los mundiales junto Mika Häkkinen (1998 y 1999), ya en pleno siglo XXI y trabajando desde 2005 para una modesta escudería llamada Red Bull Racing, sus bólidos con el prefijo RB estaban gestándose para aplastar a sus rivales. Pero Mark Webber también quería ser campeón. El conflicto de intereses estaba servido.



GUERRA CIVIL EN RED BULL RACING
Cuando comenzó la temporada 2010, la experiencia de Mark Webber se llevaba casi todo el cariño de los aficionados tras el emergente potencial de una escudería, Red Bull Racing, que prefería apostar aparentemente por el joven con cara de niño bueno. Ya en enero, Vettel dejaba claras sus intenciones cuando le preguntaban si, con seis alemanes sobre la pista, quería ser el mejor de todos: “No quiero ser el mejor alemán; quiero ser el mejor piloto. Quiero ser el número uno y mi objetivo es ganar el campeonato cuanto antes". Toda la rabia, el descaro y la fuerza de la juventud, como un auténtico soplo de aire fresco, estaban llamando a las puertas de la Fórmula 1. ¿Quién le oyó? Quizá sólo parecían palabras de autobombo de un recién llegado con ganas de llamar la atención. Pero pronto lo haría sobre la pista.

2010 empezaba con su primera posición en la parrilla de salida del Gran Premio de Bahréin. Una posición que repetiría nueve veces más a lo largo del año (frente a cinco de Webber). El famoso alerón de Webber que fue a parar el monoplaza de Vettel en el Gran Premio de Inglaterra de 2010 (con la famosa frase del australiano en la meta: “No está nada mal para ser el segundo piloto”), evidenciaba un notable malestar interno en la gestión de sus pilotos.

Su relación con Mark Webber, como todos sabemos, se torció en Turquía, cuando ambos chocaron en plena lucha. Pero no era la primera vez que ambos pilotos chocaban entre ellos: en Japón de 2007 (sobre la empapada pista de Monte Fuji), Vettel se llevó por delante a Webber. Éste no dudó en criticar a Vettel, que entonces corría para Toro Rosso, por llevársele por delante, calificándole poco más que de un niño sin experiencia, ignorando que ese 'niño' iba a ser su compañero de equipo dos años después, y que frente a él tendría que disputar (y perder) dos mundiales. Pero, a pesar de las duras críticas, especialmente contra Helmut Marko, quizá esa apuesta por la juventud no fuera un error. Al fin y al cabo, un equipo ha de jugar sus cartas y gestionar todos sus recursos, incluidos los humanos, aunque desde fuera parezca políticamente incorrecto.

[Así quedó el RB6 de Vettel en el GP de Turquía 2010]


Pese a todo, Vettel no logró ser líder del mundial hasta la última carrera, en aquella inolvidable jornada en Abu Dabi, donde Fernando Alonso y Ferrari perdieron una victoria al plantear una carrera defensiva pensando en Mark Webber, cuando el verdadero rival era Vettel. Éste no defraudó y logró una victoria que le hizo proclamarse el campeón mundial más joven de la historia de la Fórmula 1.



VETTEL CONTRA SUS COMPAÑEROS
La de Monza 2008 sigue siendo la primera y única victoria de Toro Rosso. De los 100 puntos logrados por la escudería en su historia, la mayoría (40) siguen siendo de Vettel, seguido por Buemi (27) y Alguersuari (22). Estadísticamente, Vettel ha ganado siempre todos los compañeros de equipo que ha tenido, en puntos, Poles, victorias y, por supuesto, mundiales.

En 2007, con sólo una carrera disputada, logró el 100% de los puntos logrados por BMW, frente a un Nick Heidfeld que se quedó a cero. Ese mismo año, en Toro Rosso, logró el 56% de los puntos del equipo (aunque la escasez de puntos logrados hace que los porcentajes sean algo engañosos, pues sólo sumó un punto más que Vitantonio Liuzzi: cinco).

En 2008 empezó a despuntar con creces: logró el 90% de los puntos del equipo, al sumar un total de 35, frente a los 4 de Sébastien Bourdais. Mark Webber es quien más le ha plantado cara a Vettel como compañero de equipo, pero aún así el alemán sale ganando: en 2009, ya en Red Bull, logró el 55% del total de los puntos sumados, al lograr 84, frente a los 69,5 del australiano.

En 2010 continuó esa tendencia, con un muy igualado 52% a favor de Vettel, que recordemos que sólo fue líder en la última carrera en la que se proclamó campeón mundial. Esta temporada, y hasta el Gran Premio de Japón, Vettel ha logrado el 66% del total de puntos sumado por Red Bull.



CAMPEÓN DESDE LA PRIMERA FILA [peedy World Cup Indoor Karting (1 de diciembre de 2001)]
Sebastian es todo un campeón, aunque sus victorias arrancan siempre entre las primeras posiciones de la parrilla de salida: de sus 20 victorias en Fórmula 1, en todas menos una salió en la primera fila de la parrilla (Malasia de 2010, cuando partió tercero). Eso demuestra que Vettel es un auténtico diablo en las calificaciones: sus vueltas son impecables, y mantiene una concentración única para sacar el máximo partido de su bólido (que no es poco).

Ha logrado 27 Poles y 15 de ellas las convirtió en victorias. Sebastian no ha protagonizado grandes victorias en remontada, pero aún le queda mucho que ofrecernos. Y es que lejos quedan los días en los que destrozaba el jardín de la casa familiar de su ciudad natal, en Heppnheim. Su padre, carpintero, no podía decirle “no” a su retoño que, con tres años, empezaba a flirtear con la velocidad moderada de los Karts. Pero no fue hasta que cumplió los 7 años cuando obtuvo el permiso paterno para competir profesionalmente en Frankfurt, donde no tardó en saber lo que era cruzar la línea de meta en la primera posición.

Cuando cumplió su primera década de vida, Vettel era un nombre habitual en las tablas clasificatorias de cuantos campeonatos locales y regionales participaba, junto a Peter Kaiser. Red Bull ya había encontrado a su niño; con su apoyo logró crecer y hoy sostienen gran parte del atractivo de este deporte, aunque su monopolio no deja de preocupar a los rivales y aficionados; pero eso siempre ocurre cuando alguien despunta con aplastante superioridad; le ocurrió a Mansell, le ocurrió a Senna, le ocurrió a Schumacher… Y ahora le toca a Vettel. Es ley natural.



EL PAÍS DE LA ILUSIÓN NACIENTE
No hubo lágrimas en el podio de Suzuka; Vettel quizá las soltó todas en el habitáculo de su monoplaza. Tras una carrera complicada, muy complicada, el alemán ha luchado por ganar, no por conformarse con sumar únicamente el punto que necesitaba para coronarse Campeón Mundial. Y eso le honra: en vez de dejarse adelantar y llegar a la meta sin complicarse la existencia, ha luchado cada segundo por intentar pegarse siempre al que llevaba por delante o defenderse de quien iba por detrás. La salida, encerrando a Button para defenderse, bien lo demuestra.

Cuando Button finalmente (gracias a una soberbia carrera, por otra parte) logró hacerse con la primera posición, cualquier percance le habría dejado a Vettel sin celebración: un pinchazo, una avería, falta de gasolina, un toque con otro piloto… habría significado un abandono. Y la carrera habría terminado de la única manera que le impediría proclamarse el bicampeón más joven: Button ganando y él abandonando.

[Celebración de los dos Títulos mundiales de Red Bull y Vettel en Japón 2011]
El equipo tuvo que advertirle de la situación y le aconsejó no arriesgar ni comprometer la carrera con maniobras innecesarias; pero el pie de Vettel es el mismo que el de 2006 le llevó a marcar el mejor tiempo en su primera sesión oficial en Fórmula 1. Y le costaba relajarse; Fernando Alonso estaba tan cerca que contenerse y pensar en el mundial era complicado. El calor, la adrenalina y la afición saltando en las gradas animan mucho; quizá, demasiado. Pero Vettel pudo mantener la cabeza fría y, con su tercer escalón en el podio, no hacía falta que demostrara nada a nadie: sólo tres pilotos han logrado nueve victorias en una temporada: Niguel Mansell (1992), Michael Schumacher (2004) y él. Aunque aún quedan lejos las trece victorias de Schumacher en 2004; para igualar dicho récord, Vettel debería ganar las cuatro carreras que quedan por disputarse. ¿Lo logrará?
Por Héctor Campos