Yo ya no sé qué hacer, si darme a la bebida, si fumarme un porro de aguacates, o como dice el refranero castizo, ya no sé si tirarme al tren o a la taquillera.

Estoy hasta la coronilla, amplia que la tengo por cierto, del vocabulario que emplean ahora los gastrónomos, jefes de cocinas, jefes de producto y demás nuevos títulos que tienen los trabajadores de la hostelería.

Y vamos, que si me pongo a pensar en el vocabulario de los periodistas ya me da un pasmo.

Hoy he ido a la inauguración de un GASTROBAR ¿Qué es esto?- he preguntado al llegar-, y me han contestado que es un bar donde se puede comer ¡Manda huevos que diría el otro! Parece ser que tomarse una ración de callos, o una ensaladilla rusa o unas patatas revolconas no es comer, ni comida, ya que el bar de mi pueblo da esos platos y no se llama GASTROBAR, se llama como mucho TASCA.

Menos mal que últimamente oigo poco lo de que los cocineros son restauradores, porque madre mía, los cocineros son cocineros y punto. Además, más que restauradores, hemos pasado a ser reconstructores.

Tengo en el correo electrónico una invitación a una GASTROTECA, que es un taller de cocina ¿Qué pasa, que no vale que salga el cocinero del bar con la cuchara en la mano y te diga prueba estos garbanzos que los he hecho con una salsa de caracoles? ¿O que el maître te recomiende un nuevo plato?

Pues no, ahora hay que llamarse GASTROTECA para tener nuevos platos, salidos del taller de los productos, en el que el restaurador acompañado de un químico ha realizado una alquimia gastronómica única en el universo de las viandas. Hacer eso cuesta que el plato suba de precio y, ¡ojito!, que aunque no te guste hay que decir que el gusto “retropaladal que queda en la punta de la lengua gracias al sutil y fino detalle de la pimienta de Tombuctú, armoniza calladamente con el intenso aroma frutal del calabacín del norte de Copacabana”.

Y de vinos y sus gustos y su vocabulario ni hablamos, ya que puede que me corte las venas para hacer sangrecilla personal al aroma del momento.

En fin, que Parole, parole, parole…, que decía la canción. Y hablando en italiano, qué mejor que cocinar hoy pasta de la rica, no de la de los ricos, que eso es otra cosa.

Vamos a alegrar la receta utilizando Vodka. Como la vamos a flambear la pueden tomar los niños, aunque tal y como están las cosas de histerismos, igual los propios hijos nos denuncian por incitación a la bebida.

Ingredientes para el plato de pasta:

½ kilo de pasta, cualquiera, aunque yo soy partidario de los macarrones
1calabacín grande
1 pimiento grande
Una bandeja champiñones
Ajito y perejil
Un vaso de vodka, tipo los de whisky que usaban los vaqueros en el oeste antes de acabar con las penas de los demás.
1/2 litro de tomate frito.

Vamos a proceder a cocer la pasta. Los italianos, que venden todo muy bien aunque no sea suyo, dicen que hay que poner abundante agua, aceite, sal y orégano; otros italianos, dicen que sólo agua sal y pimienta, es decir que parole, parole, parole,… Cuézala como lo ha hecho toda su vida.

Por cierto, olvídese de lanzar la pasta contra el azulejo de la cocina para ver si se pega o no, a la hora de saber si está hecha; lo único que va a conseguir es manchar la cocina. Simplemente, pruébela.

Cortamos las verduras en dados, incluidos los champiñones, el ajito cortadito muy pequeño, así como el perejil, y salteamos todo.

Una vez hechas las verduras, añadimos el vodka y flambeamos; asegúrese que tiene pagado el recibo del seguro de la casa.

A continuación ponemos en un cazo el tomate (quizás debías decir en un cazo o así para dejar claro que se hace aparte de las verduras) y removemos, siempre con el fuego bajo, y añadimos lentamente la nata, sin dejar de remover, hasta que el tomate coja un color clarito, similar a la salsa rosa. El color nos dirá que ya está “presta” la salsa.

Escurrimos la pasta, la ponemos en la sartén donde habremos mezclado el tomate y las verduras y servimos. No olvidar de remover las pasta y el condimento.

Consejo, que seguro que lo sabéis, pero que os lo recuerdo. Si se va a consumir la pasta recién cocida, NO enfriarla con agua, ya que se apelmazará. Si se va a conservar enfriarla rápidamente, y a la hora de usarla, NO calentarla, verterla en la salsa muy caliente y removed, una vez que se haya “desapelmazado”, podéis terminar de calentar en horno o micro, así dará la sensación de recién hecha.

Si habéis guardado un plato de pasta que os ha sobrado en el frigorífico, a la hora de comerlo añadid un poco de leche caliente y removed, la pasta volverá a su estado natural y después lo calentáis, siempre en micro u Horno.

Si vais a gratinar la pasta y queréis sorprender, ponéis mantequilla en una sartén para diluirla, apagáis el fuego y añadís el queso. Una vez hecha la mezcla, la estiráis sobre las pasta y gratináis.

¡Buen provecho!