Panathinaikos y Maccabi de Tel Aviv nos regalaron anoche uno de esos partidos impagables, que pasarán a formar parte de la leyenda del baloncesto europeo. Una partida de ajedrez memorable entre Zeljko Obradovic y DAvid Blatt, posiblemente los dos mejores entrenadores del baloncesto FIBa en estos momentos. Un pabellón, el OAKA, repleto de gente entusiasta, vengalas en la grada, cientos de pancartas, variedad de cánticos y un arbitraje de los de toda la vida, beneficiando al equipo local en los segundos finales de partido.Llamadme nostálgico. O siciliano, como dice mi amigo Javi Gómez, de La Sexta. Hasta eso – los atraquetes arbitrales- me pone. Ha formado parte del basket europeo de toda la vida. En Atenas, o ganas por diferencia o no ganas, de la misma manera que en Tel Aviv el presidente del Maccabi campa a sus anchas.Era el quinto partido de la serie de cuartos de final de la Euroliga. El pasaporte a la Final Four de Estambul estaba en juego. Y el partido fue una delicia de principio a fin, con dos equipos jugando sin complejos, sacando petróleo de dónde a veces, ni tan siquiera lo hay. Panathinaikos no anda sobrado de talento interior. Tartsaris, Vogiukas, Maric o Perperoglou no son delicatesen baloncestísticas precisamente, pero en ese equipo hay dos entrenadores, uno en la banda (Obradovic) y otro en la pista (Diamantidis). El dos contra dos de Diamantidis y Batiste es casi indefendible. Y por fuera, el veterano Jasikevicius y Calathes aportan saber estar e inteligencia, mientras que Sato y Steven Smith le ponen agallas y físico.Enfrente Maccabi corre. Un equipo con un físico tremendo y con tipos muy difíciles de controlar como Devin Smith o Keith Langford. Era la reedición de la final del año pasado, pero esta vez uno de los dos no iba a poder estar ni tan siquiera entre los cuatro mejores. Estará Panathinaikos, con polémica. Con una falta no pitada a Diamantidis a falta de cinco segundos para el final. Da lo mismo. El espectáculo fue inenarrable. Una oda al basket europeo de toda la vida.La Euroliga está muy cara. De los cuatro equipos que alcanzaron la Final Four el año pasado: Real Madrid, Maccabi, Montepaschi Siena y Panathinaikos, solo éste último repetirá en Estambul. Junto al equipo de Obradovic, el CSKA de Moscú, el Barça Regal y el Olympiakos pelearán por el título. No habrá ningún equipo turco, pese a los comentarios malintencionados que hemos tenido que leer durante toda la temporada.Con los cruces servidos en semifinales – CSKA vs PAO y Barça vs Olympiakos- todo el mundo apuesta por una final entre el equipo ruso de Kirilenko, Krstic y Teodosic, y el Barcelona de Xavi Pascual. Tiempo habrá para analizar los cruces y las opciones de cada uno. Hoy lo que toca es decir que la Euroliga está muy viva, una competición espectacular, con 10 equipos con opciones de ganarla cada año. Poco importan las audiencias en España y otro tipo de cuestiones, que tienen que ver con la sociología televisiva que con el baloncesto en sí. El baloncesto europeo, afortunadamente, está muy vivo. Y no tiene nada que ver al que se practica al otro lado del charco
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