Se repitió la misma llegada de hace dos años, con el mismo desenlace final.Estaba escrito, por no decir que la capacidad de sorpresa en el ciclismo actual se mide en unos límites tan reducidos que si alguien los sobrepasa llama la atención. Que en Arrate debían de aparecer los mejores corredores que tiene esta Vuelta al País Vasco era algo que nadie dudaba. Lo que resultó una auténtica carambola es que los tres mismos protagonistas de entonces, Samuel Sánchez, Joaquim Rodríguez y Chris Horner, volviesen a jugarse la victoria. Solo ha variado que entonces Horner fue segundo, con quejas, eso sí, porque dejó entrever que tanto Samuel como Joaquim se la jugaron.Por si faltase algo, Samuel atacó en el mismo lugar y ganó en Arrate de una forma muy parecida. Ninguna carrera termina pareciéndose a otra, pero en esta ocasión ha resultado todo tan igual que solo se puede decir que los tres primeros son los hombres más en forma que hay en la Vuelta al País Vasco. Uno de ellos debe de ser el vencedor en Oñati.¿Quien de ellos saldrá vestido de amarillo al final? Lo normal sería decir que entre Samuel Sánchez, que logró su tercera victoria consecutiva en Arrate, y Chris Horner, debe de estar el vencedor final. Samuel Sánchez demostró en la primera parte de la ascensión una frialdad exasperante. Dejó que otros hiciesen la carrera. Conoce tanto la subida que puede que en algún momento el hielo que parece acompañarle en las venas cuando corre le pase factura. O puede que no.Mientras, pudo levantar en su mano con tres dedos, los tres triunfos que acumula en esta Arrate.Chris Horner está en el lado opuesto. Las personas se mueven por impulsos: controlarlos puede ser en determinados momentos la clave del éxito. Cuando quedaban cinco kilómetros y medio para la meta de Arrate, Horner atacó. ¿Un error? ¿Pensaba que Samuel iba tocado? Fue su decisión, pero debería de saber, o alguien tendría que habérselo dicho, que Samuel corre así, en ese límite en el que es imposible vivir para una persona normal. Samuel lo hace.Horner y Kiserlovski sacaron unos metros. Decimos que unos metros porque en el ciclismo actual, son solo metros, salvo casos muy aislados, los que se pueden ganar, o perder en una llegada de este tipo. Luego saltaría Joaquim Rodríguez, un ciclista que si no existiese habría que inventar.Samuel, a la esperaHorner y ‘Purito’ caminarían, hasta que llegó Samuel. Faltaban cuatro mil metros para presentarnos en elSantuario de Arrate y el pasillo humano solo parecía calentar, a base de animar, a Joaquim y Horner. Samuel esperaba. Ha aprendido a esperar, a no precipitarse.Sabe lo que es perder una etapa del Tour en Morzine al fallarle los nervios y dejar que le ganase Andy Schleck. Una maniobra que extraño a todo el mundo. Pasó hace dos años y aquella emoción de conseguir un triunfo que anhelaba le cegó el sosiego. Tardó mucho tiempo en encontrar la paz.Samuel siempre aprende. Desde que lleva en el ciclismo no ha hecho otra cosa. Primero tuvo que aprender a vivir fuera de su casa, en Güeñes, para hacerse corredor ciclista. Luego aprendió la lección que le dio su madre, que era capaz de estudiar con una enfermedad que acabaría con su vida mientras su hijo hacía carrera en Euskadi.Más tarde aprendió a ganar tras perder una etapa en la Vuelta a Asturias por desplazar a su compañero de fuga. Por eso midió este miércoles tanto sus movimientos, que pueden resultar desesperantes. El proceso, en este caso, no sirve. Solo cuenta el resultado final, que no pudo ser más brillante. Arrate conjuga la leyenda de sus ganadores con la realidad del ciclismo actual, que dice que las diferencias en su cima suelen ser escasas. Y eso fue lo que pasó.Diecisiete corredores finalizaron a doce segundos. Entre ellos hay nombres importantes como Scarponi, Dani Moreno, Wouter Poels o Jurgen Van den Broeck. Pero por encima de todos los citados destaca otro, el del campeón del mundo contrarreloj, Tony Martin.En el ciclismo, igual que en la vida, conviene ir día a día para que las ilusiones no te las destrocen donde menos se espera. Tony Martin tiene una contrarreloj final que no es buena para él y también se las verá este jueves conIbardin. Los 700 metros finales de la subida navarra le pasarán factura. Pero este miércoles demostró que es capaz de pasar cierto tipo de montaña. La Vuelta al País Vascotiene tres nombres y dos citas decisivas: el alto de Ibardin y la contrarreloj de Oñati. Cualquier pequeño detalle, cualquier percance, el mínimo error, les puede costar a Samuel Sánchez, Joaquim Rodríguez y Chris Horner la carrera.Mover la carrera, una odiseaEn sus piernas está en evitarlo. Con equipos como Euskaltel-Euskadi, RadioShack y Katusha mover la carrera va a resultar una odisea. La Vuelta al País Vasco está cerrada. Serán otras formaciones las que tengan que abrirla, las que busquen ataques desde lejos, las que intenten demostrar que no se conforman con lo que este miércoles dictó la carretera.Samuel Sánchez, Horner y ‘Purito’ no son ninguna sorpresa. Ellos son la realidad que demuestra el ciclismo. La subida a Arrate empezó a entonarse cuando quedaban seis kilómetros, a animarse a falta de cuatro y a decidirse en la curva que conducía a meta. Doce segundos entre los tres mejores y un grupo muy amplio es lo máximo que se puede sacar en esta cumbre. En una Vuelta al Pais Vasco que se jugará precisamente en segundos, esa renta no es un bien escaso. Todo lo contrario. Quienes la tienen intentarán administrarla de la mejor manera posible. A Samuel Sánchez y a Horner les vale. A Joaquim Rodríguez, no.