La prohibición de comer en la calle, que acaba de aprobarse en Roma, no es la única excentricidad que puede leerse en las ordenanzas municipales.
En Cádiz no puede arrojarse arroz tras las bodas y en Mojácar los funcionarios tienen prohibido escuchar la radio mientras trabajan.


El alcalde de Roma se ha hartado de ver a los turistas dándole al bocata de prosciutto en las escaleras de la plaza de España y ha decidido prohibir comer en las calles del centro histórico. Obviamente se puede seguir disfrutando de una comida 'como dios manda' en una de las muchas terrazas que abarrotan el casco antiguo.

La justificación para poner en marcha la ley, que ya se conoce como ley anti-panino (bocadillo), es que los turistas son bastante 'guarretes' y dejan los suelos y los aledaños de los monumentos llenos de desperdicios y envoltorios. Desobedecer la nueva normativa no es ninguna tontería porque las penas que se contemplan van de los 25 euros a los 500 euros, una cantidad que da para comer a todo tren en cualquiera de los excelentes restaurantes de la ciudad.


En Valladolid los mendigos pueden recibir 1.500 euros de multa


La prohibición del Ayuntamiento de Roma puede parecer extravagante, pero no es la única prohibición peculiar impuesta a los ciudadanos. Sin necesidad de cruzar las fronteras, repasamos algunas de las más polémicas.

En marzo de este año, el Ayuntamiento de Valladolid modificaba la Ordenanza Antivandalismo y prohibía el nudismo o ir en bañador por la calle. También se prohibían las acampadas y la mendicidad. El ayuntamiento que encabeza Javier León de la Riva contempla multas de hasta 1.500 euros (en un principio eran 3.000 euros) para los mendigos que incumplan la ley. En un alarde de lucidez el alcalde reconoció que "tendrían difícil" cobrar las multas.

Tampoco los del Ayuntamiento de Barcelona son muy aficionados a ver chicha en movimiento, pues en abril del año pasado prohibieron ir desnudo, en bañador o en algún tipo de ropa similar fuera de la playa, las piscinas y su entorno. Es decir, que nada de pasearse por la Rambla 'desabrigado' so pena de ser multado con entre 120 y 500 euros. Nada se decía en la prohibición de los anuncios de lencería que a veces lucen las marquesinas.También está prohibida la práctica del nudismo en las playas de Cádiz capital.


Sin arroz en las bodas


Dejando al margen las prohibiciones relativas a cuánto trozo de carne es legal o no mostrar, pero sin abandonar la 'tacita de plata', llama la atención que en 2007 se prohibiera en Cádiz tirar arroz o pétalos de flores a los recién casados. Lo del veto al arroz se vendió como un intento de evitar lesiones a los invitados (el arroz es muy traicionero) y de impedir alimentar gratuitamente a las palomas, auténtico azote de los monumentos de la ciudad.


En Sevilla prohibieron la instalación de aire acondicionado en los colegios


Hartos del ruido de la vuvuzelas, que el mundial de fútbol de Sudáfrica en 2010 había popularizado, el Ayuntamiento de Pamplona prohibió su venta en los puestos ambulantes colocados durante los Sanfermines y amenazó con sancionar al infractor, además de "incautarse" del instrumento.

Menos comprensible que estas restricciones, y en un afán de poner a prueba la resistencia física de los niños sevillanos, el Ayuntamiento de Sevilla prohibió en 2008 instalar aire acondicionado en los colegios de la capital. Se alegaba que iba en contra "de la sostenibilidad" y que suponía un "alto coste energético".

En Mojácar, las prohibiciones dejan en paz a los niños, pero no a los funcionarios. En 2010 el consistorio de esa localidad almeriense prohibió que los funcionarios trabajaran con la radio puesta porque, según su entonces concejal de Cultura y Turismo, Ángel Medina, los empleados tenían que "ganarse el sueldo". No mucho después Medina recibía las críticas de la oposición porque no acudía a ningún pleno.

Sin cera y sin correr


Un capítulo aparte merecen las prohibiciones relativas a la movilidad. El apartado es tan extenso y variado que daría lugar a un tema propio. En Ciudad Real, por ejemplo, la Ordenanza sobre el tema prohíbe "correr o saltar por la calle; esperar a los autobuses fuera de los refugios o aceras o invadir la calzada para solicitar la parada de auto-taxis o coches de servicio público", algo que calca, entre otros, el Ayuntamiento de Madrid. En la capital, además, un vehículo no puede estacionar "en un mismo lugar de la vía pública durante más de cinco días consecutivos, a cuyo efecto solo se computarán los días hábiles". Interesante paradoja de una ciudad en la que son constantes las denuncias vecinales de coches abandonados.

En Vilagarcía de Arousa (Pontevedra) los vecinos no pueden reunirse en las aceras si con eso hacen que otros viandantes tengan que bajar momentáneamente a las aceras.

Y regresando a Ciudad Real para despedirnos, en esta ciudad está prohibido verter cera durante las procesiones y los hosteleros están obligados a serigrafiar las servilletas de papel para que sea más fácil seguirles la pista en caso de que descuiden la limpieza de sus terrazas.