Al final de la tarde, un ginecólogo espera a su última paciente, que se retrasa.

Después de 20 minutos de espera, supone que ya no vendrá y decide tomarse un gin-tonic para relajarse antes de volver a casa. Se instala confortablemente en un sillón y empieza a leer un periódico.

Pasados unos minutos, suena el timbre de la puerta: es la paciente, que llega muy sofocada y pide disculpas por el retraso.

"No tiene importancia", responde el médico. "Yo estaba tomando un gin-tonic mientras la esperaba. ¿Quiere tomarse uno mientras recupera el aliento?

"Acepto con placer", responde la paciente aliviada. "Con el sofocón que traigo..."

El ginecólogo le sirve un gin-tonic, se sienta frente a ella y empiezan a conversar amigablemente sobre temas banales.

De repente, se oye ruido de llaves en la cerradura de la puerta del consultorio. El médico se levanta bruscamente y, en tono nervioso, le dice a la paciente:

– "¡Mi mujer! ¡Rápido, quítese las bragas y abra las piernas!.

Y es que todo en la vida es relativo